Dé un giro, si lo desea. Esta industria es especialista en eso.

14 / 11 / 2022

Marketing

A primera vista, parece difícil argumentar que una berlina deportiva de más de 600 CV y 280 km/h represente de algún modo la situación actual de la industria automovilística. Pero, de hecho, si nos olvidamos de los superlativos, bajo la superficie del nuevo Mercedes-AMG C63 que se lanzará en 2023, encontrará algunos de los indicadores más evidentes de las megatendencias automovilísticas más importantes de esta temporada; megatendencias que, por cierto, ya están redefiniendo lo que dentro de poco será el futuro de cualquier técnico de automoción.

Para entender por qué, es importante rendir homenaje —aunque sea brevemente— a la industria del automóvil que está quedándose atrás a toda velocidad. Hace menos de una década, el C63 de altas prestaciones de Mercedes representaba la cúspide del desarrollo del motor de combustión interna. Puede que fuera un capricho costoso —reservado solo a unos cuantos afortunados—, pero no por ello dejó de marcar el camino de un concepto muy evolucionado y con grandes aspiraciones, centrado en ofrecer una experiencia mecánica emotiva y sin concesiones, basada en la más animal de las ideas: el V8. Si algún coche parecía inmune a las ideas más vanguardistas y progresistas sobre ecología, la adecuación del tamaño y cómo saciar la sed de gasolina, el C63 se mantenía inquebrantable, sobresaliendo por encima del resto.

No obstante, ahora las cosas han cambiado radicalmente. Pocos giros en el pensamiento automovilístico han sido tan llamativos como la decisión de deshacerse del icónico V8 de AMG en favor de un tren de transmisión híbrido enchufable de cuatro cilindros con turbocompresor eléctrico completamente nuevo en el último C63. Esto demuestra, sobre todo, que incluso las vacas más sagradas del sector pueden ser objeto de sacrificio ante un panorama automovilístico que ha cambiado enormemente y que no tendrá piedad con quienes se empecinen en no adaptarse.

Por ello, el nuevo C63, a pesar de ser en esencia un juguete muy caro, plantea una cuestión muy interesante. En pocas palabras, cualquiera que siga pensando que los enormes vientos de cambio que soplan en la industria del automóvil pueden amainar de repente, o incluso invertir su curso, se equivoca. Nos encontramos ante un nuevo paradigma de la ingeniería automovilística, en el que los actores de la vieja escuela se han visto sorprendidos por la rápida llegada de nuevos conceptos de eficiencia y electrificación de los vehículos. Las expectativas de los clientes convencionales, que antes se consideraban inferiores a las de los pioneros del mercado, como Tesla, están tomando la delantera súbitamente; todos los fabricantes de automóviles tradicionales se ven obligados a adaptar tanto sus productos como la «experiencia» de la marca a unos clientes que ahora esperan cosas muy distintas a las de hace una o dos décadas.

Francamente, quienes trabajamos en el ámbito técnico de la automoción nunca habíamos experimentado nada similar. Sí, se han producido cambios fundamentales en la tecnología que han definido la evolución del automóvil y, desde luego, el ritmo de cambio en el despliegue general de esta tecnología aumentó de manera sustancial a partir de la década de los noventa en concreto. Durante las primeras olas de cambio, los técnicos podían permitirse el lujo de quedarse un paso por detrás de lo más puntero, para juzgar si la llegada de ciertas tecnologías tenía alguna implicación para ellos y su medio de vida. Por ejemplo, la inyección de combustible, el sistema de frenos antibloqueo (ABS), el OBD II, las transmisiones de doble embrague o las primeras transmisiones híbridas, entre otros. Con todo, en el corazón del vehículo, los conceptos mecánicos básicos se mantenían sin variaciones sustanciales. Así pues, la autocomplacencia a la hora de adaptarse como técnico no era algo prudente, pero tampoco fatal.

Sin embargo, ahora ese corazón ya no es el mismo. Con la caída de grandes bastiones como el V8 del C63 y con el diseño de trenes de transmisión como eje principal, que avanza de forma indiscutible hacia la optimización del concepto de vehículo completamente eléctrico para el consumo y la adopción a gran escala, los técnicos no pueden permitirse añorar con indulgencia ni nostalgia un pasado que queda atrás a marchas forzadas. Más bien al contrario: se trata de aprovechar las oportunidades de desarrollo personal que surgen inevitablemente en un mundo que trata de implementar grandes cambios en el automóvil tal y como lo conocemos.

Volvamos al C63 como ejemplo. Piense en la cantidad de tecnología extraordinaria que incorpora este vehículo concreto. Un supercargador eléctrico que funciona con un sistema eléctrico a bordo de 400 voltios. Una batería de iones de litio de 6,1 kW h capaz de recargarse rápidamente al enchufarla. Un motor eléctrico de 200 CV montado en la parte trasera que impulsa una caja de cambios independiente de dos velocidades. Un sistema de frenado regenerativo con capacidad para alcanzar los 100 kW de electricidad en frenadas bruscas. Tracción integral inteligente e híbrida y dirección eléctrica AMG a las cuatro ruedas.

Sencillamente, se trata de una pieza asombrosa de tecnología automovilística, que se implementa en su totalidad porque una empresa como Mercedes reconoce que ya no puede dormirse en los laureles ni regurgitar un rediseño de sus viejos conceptos favoritos. Es más, si miramos más allá, es muy probable que la próxima variante ni siquiera tenga motor de combustión.

Sin embargo, los técnicos que lean este artículo no deben sentirse intimidados por lo que ahora ofrecen los coches de este tipo. Lejos de eso, deberíamos acoger la oportunidad con los brazos abiertos y prepararnos para ser las personas capaces de manejar con confianza cualquier tecnología de este tipo, cuando —inevitablemente— estos vehículos lleguen a nuestros talleres. La diferencia ahora es que el proceso de aprendizaje de esta tecnología está, siendo sinceros, a otro nivel en comparación con la forma en que los técnicos de hace 20 y 30 años se formaban en sistemas de frenos antibloqueo y de inyección de combustible. Hoy en día, el mundo en línea pone enormes tesoros de conocimiento al alcance de nuestra mano, por lo que el reto no es tanto encontrar información como dar con la correcta y de las fuentes más fiables.

Los productos de formación en línea, como los vídeos de formación a la carta de Autodata, son las herramientas idóneas para esta labor. Sin entorpecer el ajetreo del día a día, le permiten «recargar» constantemente sus conocimientos a medida que van apareciendo nuevas e interesantes tecnologías en el mercado. Al avanzar en su formación cada semana, cuando mejor le viene y sin la presión del aprendizaje presencial, cada técnico puede mantenerse al tanto de los últimos conceptos sin temor a perder el ritmo. En un mundo tan cambiante como el nuestro, una formación con este grado de calidad es un lujo del que no se puede prescindir.